La risa es parte de un lenguaje universal de emociones básicas que todos los humanos reconocen, es involuntaria, espontánea y contagiosa. El humor genera respuestas de recompensa en el cerebro, las mismas que se despiertan con una comida favorita o inclusive con las adicciones: una vez que te reíste, tu cerebro quiere más; la risa aparece muy temprano, incluso antes que el lenguaje: hacia los 3 meses de edad los bebés humanos comienzan a reírse y ya no paran; es buena para combatir el estrés ya que disminuye los niveles de cortisol y epinefrina, y aumentan la activación del sistema de recompensa que libera dopamina.
Total que reírse está super; pero, ¿de qué nos reímos? ¿porqué nos reímos? En un libro clásico de 1905, “El chiste y su relación con lo inconsciente”, Sigmund Freud planteó la hipótesis de que el humor permite una liberación segura de los impulsos sexuales y agresivos generalmente reprimidos. Sin embargo, culturalmente, ¿se percibe igual a un hombre que ríe que a una mujer?
En lo amoroso, en un estudio realizado en Alemania en los años ‘90 se observó que tanto mujeres como hombres, se sintieron más atraídos a la persona con quien reían más en la primera cita.
En lo laboral esto es totalmente contrario; un experimento publicado en 2019 mostró que a los hombres con mas sentido del humor, las personas tienden a atribuirles mayor estatus laboral. En cambio, a las mujeres más divertidas se les atribuye un estatus más bajo en comparación con las mujeres no chistosas. Estas diferencias tienen implicaciones para las evaluaciones de desempeño y las evaluaciones de la capacidad de liderazgo, lo cual demuestra que el sentido del humor también es percibido a través de los estereotipos de género.
Aún hay muchos hombres (y mujeres) que ni siquiera se dan cuenta que hay una diferencia entre chistes inocentes que no dañan a nadie y chistes que denigran, degradan y se fundamentan en discriminación pura; cuando se cuentan “chistes misóginos” en realidad se busca atacar y denigrar a las mujeres a través de la burla y la mofa normalmente refiriéndose a falta de inteligencia, al cuerpo, a las tareas que “deben” realizar en el hogar, o a estereotipos como charlatanas, derrochadoras, chismosas, celosas, fodongas…o los “chistes” sobre el matrimonio, donde ellos casi siempre resultan víctimas en una trampa donde “los pobrecitos” pierden la libertad, el dinero y sufren pronto el desencanto amoroso y sexual (noticia: esas sensaciones no son exclusivas de los hombres).
Amigos y amigas: por vidita suya, ante los chistes machistas, hagan mutis, no los reenvíen, no se rían, piensen que ese troglodita podría estar refiriéndose a sus hijas, madres, hermanas, esposas, amantes…a cualquier mujer en el mundo. Los chistes que humillan, denigran o violentan son de pésimo gusto y además, para muchas, son profundamente desagradables y antídoto para el “ligue”.
Hace unos días un conocido me envió un “reel” con un hombre describiendo una foto de una mujer con un canguro; decía el “gracioso” que ese animal era engañoso, que parecía tierno pero era de peligro, difícil de entender, caro de mantener…al final decía: el otro es un canguro. El tal hombre, previo a enviar ese “chiste” me había invitado a comer…ya siéntese señor, deguste su cocol y su chocolatito…y, por supuesto, olvide la comida.
Aún hay muchos hombres (y mujeres) que ni siquiera se dan cuenta que hay una diferencia entre chistes inocentes que no dañan a nadie y chistes que denigran, degradan y se fundamentan en discriminación pura.