José López Portillo, a la sazón presidente de México, dijo alguna vez: “No pago (publicidad) a los medios de comunicación para que me peguen”.
Vivió confundido. Una cosa es el asunto comercial y otra es la línea editorial. Eso sí, hay periódicos, empresas de televisión, de radio y ahora espacios digitales, al servicio de los gobernantes en turno. Son sus decisiones e intereses. Sus acuerdos y respetables.
Así funcionó y sigue operando el sistema político de este país entre la prensa y el poder. Andrés Manuel López Obrador, actual titular del Ejecutivo federal, impuso su toque personal: Paga o factura publicidad sólo a los medios de información que lo adulan.
La “mañanera” es el mejor ejemplo de ello, invitan a sus aliados, a quienes regaña y les autoriza preguntar, su discurso trillado de poner fin a la corrupción, de hablar mal de los “conservadores” y de pelearse todos los días con periodistas ya cae mal. Está fuera de lugar.
Vive en su fantasía de moralismo, su risa sarcástica, ante las críticas a su gobierno, evidencia que, como los políticos del pasado o como las “farmacias similares”, es lo mismo pero más barato. Diga lo que diga, nada ha cambiado, sigue la corrupción, abusos y excesos. Lo permite.
En el pasado inmediato, este país tenía que ser certificado en materia de combate a las drogas por Estados Unidos de América (EE.UU.). El país vecino solicitaba una especie de “sacrificio” humano mexicano de poder para seguir apoyando en materia financiera y relaciones diplomáticas.
Lo sostengo. el priista Ernesto Zedillo Ponce de León, siendo presidente de la República entregó al gobierno de EE.UU. a su amigo Jesús Gutiérrez Rebollo, el Zar antidrogas, esto para “quedar bien” con las autoridades de ese país que, guste o no, siguen imponiendo las condiciones y la agenda económica a México.
El militar fue acusado de colaborar con Amado Carrillo Fuentes, el llamado “señor de los cielos”, entonces líder del ‘cartel de Juárez’, uno de los narcotraficantes más poderosos en la década de los 90.
El tema es que en este momento, en el exterior, México tiene una pésima imagen en materia de seguridad. Gobiernos van y vienen y la corrupción sigue permeando. México es un país donde un policía de vialidad puede ignorar cualquier infracción por un soborno de 100 pesos, porque sus salarios son exiguos o siguen, por sus jefes, la escuela del “general” Arturo “el negro” Durazo, la de la cuota diaria producto de la extorsión.
De las administraciones priistas se sabían sus mañas, pero ahora en un gobierno donde su líder se dice pulcro, son visibles las mentiras y falsas morales. Paraafraseando al cantaautor argentino Ricardo Arjona: El problema del presidente López Obrador no es que mienta, el problema es que le crean.
Ejemplos hay muchos, solo daré tres.
1.-López Obrador dijo que ordenó la liberación (Ya lo tenían miembros del Ejército), en el fallido operativo de Culiacán, de Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín Guzmán Loera, alias “el chapo”, porque supuestamente estaban en riesgo muchas familias.
La realidad fue la siguiente: no fue, como el mandamás del país, capaz de armar una estrategia de captura, siguió con su idea de “abrazos y no balazos”, se vio rebasado por la delincuencia organizada y tuvo que ceder. Los militares se sintieron humillados por su mando en jefe, quien posee las cinco estrellas.
2.-Lo mismo que hizo Zedillo con EE. UU. Ahora para complacer al presidente Joe Biden, se vió obligado a aceptar -otra vez- la captura al hijo del “chapo”, pero lo más patético fue que lo hicieron agentes de la DEA y FBI, lo que no es permitido por ley, ellos lo aprehendieron y el goberno federal sólo difundió la fotografía con oficiales mexicanos. Por cierto, en la foto apareció con la misma ropa que Ovidio portaba en el “culiacanazo fracasado”.
3.- En su “mañanera”, aseguró que cuando saludó a la señora madre del “chapo”, ella le entregó una carta en la que pedía que sus hermanas pudieran ver a su hijo. Otra gran mentira, López Obrador descendió rápidamente de una camioneta color negro y estrechó la mao a la señora ¿Cómo sabía que era la madre del “chapo”? ¿Quién se lo dijo y por qué accedió? ¿Cuál fue su interés?
Pero lo más grave es que comentó que ese día la mujer le entregó la carta. No fue así, los videos que circulan en la red, evidencian cuando el titular del Ejecutivo de la Nación le dice: “Ya recibí tu carta”. Luego entonces, ¿Desde cuando el presidente mantiene contacto con la familia Guzmán?
Este país es una fantasía oficial opositora, tiene un presidente que vive de las encuestas que lo favorecen. Nadie lo puede cuestionar, el asunto es que la popularidad no es sinónimo de resultados.
EE.UU. alertó que México no es un lugar seguro para tomar vacaciones. Según sus estudios, sólo Yucatán y Campeche son garantía de que los turistas pueden estar tranquilos y libres de la delincuencia.
Así, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía ya no es un ente confiable para proporcionar información, muestra datos atrasados y debe ser desaparecido de la estructura gobernamental. Tiene miles de empleados cuya función es inoperante.
No sólo eso, el presidente no cree en esa institución, siempre sale con su perorata de que “tengo otros datos”. Nada es confiable.
Por ejemplo, el gobierno federal sigue destacando que Tlaxcala es uno de los tres estados más seguros del país ¿Basado en el INEGI o los “otros datos” de López Obrador?
Cómo creer eso si aquí siguen los intentos y linchamientos, robos a casas, de automóviles y autopartes. asaltos a personas en plena luz del día, el comercio de mujeres, trata pues; el hallazgo de cadáveres descuartizados y lo que faltaba, mujeres dedicadas al “table dance” mostrándose semidesnudas en plena carretera, para promover su espectáculo, esto en Apetatitlán, donde el alcalde Ángelo Gutiérrez pregona que mantiene una férrea lucha para tener un municipio seguro para las familias. Eso no le ayuda.
Si había faltas a la moral ¿Por qué no las detuvieron? ¿Quién autoriza los permisos para la operación de esos lugares? Solo él. Un caso más. La Rivereña del Zahuapan está convertida en “zona roja”, menores de edad son los principales clientes de los antros, un policía, como escolta bancario los supervisa y espera cada media a sus superiores a bordo de una patrulla, ¿llegan acaso por las ganancias?
En conclusión, quien ejerce un cargo publico debe dejar de ser moralista, de hacer política, de soñar con nuevos cargos, pero sí ponerse a trabajar en la medida de sus responsabilidades oficiales. Al tiempo.